Fábula: La niña amable y el bosque encantado

Advertisement

La niña amable

Érase una vez en el jardín de Mary vivían muchos pájaros. A todos ellos les gustaba Mary, una niña amable que nunca les rompía los nidos ni se llevaba sus huevos. A Mary le encantaba escuchar sus cantos y conocía a cada uno de ellos por su nombre.

El invierno llega al jardín

En el jardín vivían el petirrojo, el rechoncho reyezuelo, el mirlo, el tordo y muchos estorninos pinto. Bajaban a bañarse en el estanque de Mary y luego se posaban sobre los árboles para conversar y secarse las alas.

Pero un día, el invierno llegó y con él la nieve. Los pájaros vieron cómo el suelo se volvía blanco en lugar de verde y marrón. La comida escaseaba, ya que las bayas habían sido arrancadas de los arbustos y árboles. El frío era intenso, apenas podían abrir los dedos de las patas para soltarse de las ramitas. Los charcos estaban congelados y el estanque también estaba hecho de hielo. Los pájaros sentían hambre, sed y frío.

La visita a Mary

El petirrojo propuso a los demás pájaros que fueran a contarle sus problemas a la amable niña. Estaban seguros de que ella les ayudaría. Así que todos se posaron en fila sobre la cerca, tratando de mantenerse abrigados, adoptando un aspecto desdichado.

La ayuda de Mary

Mary vio a los pájaros y se entristeció al ver lo que estaban pasando. Decidió cuidar de ellos hasta que pasara el horrible tiempo. Les hizo una mesa para pájaros, una tablita larga clavada en un poste. Sobre la mesa puso todos los restos de comida que su madre iba a tirar, como migajas de pan y bizcochos, huesos y algunas bayas que ella misma había recogido y puesto a secar para alimentar a los pájaros en invierno. Además, colocó un recipiente esmaltado lleno de agua para que pudieran beber.

La gratitud de los pájaros

Cada pájaro bebió un delicioso sorbo de agua y disfrutó de la comida que Mary les había proporcionado. Los pájaros quisieron cantarle una canción de agradecimiento, pero no pudieron encontrarla. Estaba ocupada preparando camas calentitas para ellos. Había llevado macetas y las había llenado con paja y musgo seco para que los pájaros pudieran refugiarse.

Moraleja

Los pájaros reconocieron la amabilidad de Mary y le agradecieron por su ayuda. Aprendieron que en los momentos difíciles, es importante ser amable y ayudar a los demás.

Pensamiento final

Si quieres, puedes seguir el ejemplo de Mary y ayudar a los demás en tiempos difíciles. Nunca subestimes el poder de la amabilidad.

Advertisement

Deja un comentario