La Fábula de las Tres Gotitas

Había una vez una hermosa camelia que se encontraba en el jardín, cuando de repente se acercaron tres gotas de agua cristalinas para plantearle una pregunta. La camelia, curiosa por saber qué querían las gotas, las invitó a acercarse.

La primera gota habló con orgullo y dijo: «Yo vengo de las altas nubes, soy hija de los grandes mares y nací en el ancho océano. Después de pasar por numerosas tormentas, una nube me absorbió y fui llevada a las alturas donde brillan las estrellas. Finalmente, caí en el corazón de esta flor. Yo represento al océano».

Después de escuchar la explicación de la primera gota, el Alba, que así se llamaba la camelia, se volvió hacia la segunda gota y le pidió que se presentara.

La segunda gota se jactó y dijo: «Yo soy el rocío que tiembla sobre los lirios. Soy hermana de la luna y de las tinieblas que se forman cuando llega la noche. Yo represento el amanecer del día».

Finalmente, el Alba se dirigió a la tercera gota, la más pequeña de todas, y le preguntó de dónde venía.

La gota respondió humildemente: «Vengo de los ojos de una madre, soy una lágrima. Esta es la gota de más valor y pureza».

Al escuchar esto, tanto la primera como la segunda gota se sorprendieron, pues se habían considerado a sí mismas como las más valiosas. Sin embargo, comprendieron que la lágrima representaba el más profundo sentimiento de amor y tristeza, siendo la más pura de todas.

Moraleja:

No debemos subestimar el poder y la importancia de las cosas pequeñas. A veces, lo que aparenta ser insignificante puede tener un valor incalculable.

Pensamiento final: Cada una de las gotas de agua tenía su propia historia y origen, pero fue la lágrima la que demostró ser la más valiosa. Aprendamos a valorar las pequeñas cosas de la vida, ya que pueden tener un impacto significativo en nuestro mundo.

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