El vendedor de tiempo (Fábula sobre el tiempo)

Había una vez un pueblo en el que todo lo que se oía era: “No tengo tiempo”, “El tiempo va muy rápido”, “Estoy corto de tiempo”, etc…

Todos sus habitantes vivían a la máxima velocidad, hablaban muy poco, caminaban muy rápido, incluso mientras desayunaban y almorzaban. A muy pocos le quedaba tiempo de detenerse en la plaza un momento. Un día, un hombre sacó de su maletín un polvo verde y gritó en la plaza:

“Vendo un preparado hecho con hierbas de montaña, selva, de China y la India. Se toma en ayunas por 30 días. Luego notarás resultados sorprendentes, te sentirás relajado, con energía y sobretodo tendrás tiempo. Si, tiempo. Para viajar, estar con la familia, dormir…”

Antes de que pudiera terminar, las personas le pidieron de su polvo, aun sin saber el precio. Pagaron gustosos lo que el hombre pidió. El primer día, a mediodía, ya había vendido más de 200 sobres. Al día siguiente, más personas aparecieron, y cada día aparecían más.

En una semana, el hombre, su esposa y dos de sus hijos se encontraban vendiendo el producto. Luego de un mes, alquilaron un puesto en el mercado para vender más, al mayor y detal. Tras dos años tenía una trasnacional y sus clientes lo habían apodado “el vendedor de tiempo.” Irónicamente, el hombre estaba tan ocupado que no tenía tiempo para su familia, ni dormir a gusto.

Moraleja de esta fábula sobre el tiempo:

No cambies tu tiempo por nada

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