La isla de los sentimientos
Había una vez una isla en la que vivían todos los sentimientos y valores de las personas: la alegría, la tristeza, la sabiduría y muchos más. Un día, se anunció que la isla se hundía y todos los habitantes empezaron a preparar sus barcos para partir, excepto uno: el amor.
El amor se queda atrás
El amor decidió quedarse en la isla hasta el último momento, esperando y esperando. Pero el tiempo pasaba y nadie se ofrecía a llevarlo consigo.
Primero, se acercó la riqueza en una lujosa barca llena de tesoros, pero no tenía espacio para el amor porque estaba ocupada con su oro y plata. Luego, el orgullo también pasó cerca sin ofrecer ayuda, ya que quería mantener su barca perfecta y sin defectos.
La tristeza también se aproximó, pero el amor notó que estaba tan inmersa en su tristeza que necesitaba estar sola. Por otro lado, la alegría pasó riendo a carcajadas sin siquiera notar al amor.
La ayuda inesperada
Justo cuando el amor empezaba a perder la esperanza, una voz cascada se escuchó desde una barca cercana. Era un viejecito que le ofreció llevarlo a la orilla. El amor se llenó de alegría y aceptó sin preguntar el nombre del anciano.
Cuando finalmente llegaron a tierra firme, el anciano se marchó sin decir ni una palabra. El amor se dio cuenta de cuánto le debía al anciano y deseó agradecerle, pero ya era demasiado tarde, no sabía quién era.
La moraleja de la historia
Más tarde, se acercó a él la sabiduría y el amor aprovechó la ocasión para preguntarle quién le había ayudado. La sabiduría respondió que había sido el tiempo.
El amor se sorprendió y se preguntó por qué el tiempo le había ayudado. La sabiduría, con todo su conocimiento y experiencia, le explicó que solo el tiempo es capaz de comprender cuán importante es el amor en la vida.
Pensamiento final
Así, el amor aprendió una valiosa lección gracias a la ayuda del tiempo. Aprendió que el amor es esencial en nuestras vidas y que debemos valorarlo y cultivarlo en cada momento. Porque solo con amor, podemos encontrar la felicidad y la plenitud en nuestro camino.