Fábula de la Furia y la Tristeza

Había una vez en un reino encantado, inaccesible para los hombres, un estanque maravilloso. Este estanque era una laguna de agua cristalina y pura, donde nadaban peces de todos los colores y donde los tonos del verde se reflejaban en su superficie de manera permanente.

Un día, la tristeza y la furia decidieron acercarse a este estanque mágico para refrescarse y hacerse compañía mutuamente. Se desnudaron y entraron juntas al agua. La furia, acostumbrada a su apresurada forma de actuar, se bañó rápidamente y salió del agua aún más rápido.

Sin embargo, la furia, ciega o incapaz de distinguir la realidad claramente, se vistió apresuradamente con la primera ropa que encontró al salir del estanque. Desafortunadamente, esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza. Sin darse cuenta, la furia se marchó vestida de tristeza, aparentando una calma y serenidad que no le correspondían.

Mientras tanto, la tristeza terminó su baño con tranquilidad y lentitud. Al salir del estanque, se dio cuenta de que su ropa original ya no estaba. La tristeza, que no soporta quedarse al desnudo, se vistió con la única ropa que encontró junto al estanque, que era la ropa de la furia.

Desde aquel día, se cuenta que muchas veces nos encontramos con la furia ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos el tiempo de observar con detenimiento, descubriremos que esta furia que vemos es solo un disfraz. Detrás de ese disfraz de furia, en realidad, se esconde la tristeza.

Moraleja:

A menudo, las personas que aparentan ser furiosas y feroces en realidad están ocultando una profunda tristeza. No debemos dejarnos llevar por las apariencias y debemos tratar de comprender las emociones que hay detrás de las reacciones de los demás.

Pensamiento final: Este cuento nos enseña a mirar más allá de las apariencias y a tener empatía hacia los demás. Nunca sabemos lo que alguien puede estar sintiendo en su interior, por lo que es importante ser comprensivos y tratar a los demás con amabilidad.

Deja un comentario