El hombre y la serpiente ~ Esopo ~ Fábulas.wiki

El hombre y la serpiente

Hace años, había un pequeño pueblo junto a un hermoso río. La gente de esta aldea era principalmente gente pobre que cultivaba en las tierras de otros o en cualquier otra tierra que cada uno de ellos tuviera. Entre ellos había un hombre que era más rico que los demás. Tenía más tierra que los otros, diez vacas, doce ovejas y un pequeño huerto. Tenía una esposa cariñosa y tres hijos que lo cuidaban.

Pero siempre estaba preocupado por su hijo menor, que era más travieso que sus hermanos, y siempre estaba lleno de travesuras. Este niño parecía estar lleno de una fuente inagotable de energía y siempre estaba fuera de la casa, vagando por los campos, saltando en estanques y escalando colinas y montañas, cualquiera que fuera la hora.

Pero la desgracia golpeó un día, cuando el niño, por error, pisó la cola de una serpiente durante una de sus aventuras. La furiosa serpiente siseó y le mordió el pie. El niño volvió cojeando a sus padres, llorando de dolor. Pero los miembros indefensos de su familia no pudieron hacer nada para salvar al pobre muchacho, pues el veneno letal lo mató en cuestión de minutos. Sin embargo, el niño le informó a su padre sobre el paradero de la serpiente y cómo había sido mordido antes de su último aliento.

El padre indignado sacó su hacha y cazó a la serpiente, que por casualidad residía en un pequeño agujero junto a un árbol.
Una y otra vez su hacha caía sobre la serpiente que de alguna manera lograba escapar de cada golpe hasta que un poderoso golpe le cortaba parte de la cola. Sangrando y llorando de dolor, la serpiente llevó su cuerpo con gran dificultad y se deslizó en uno de los agujeros entre las raíces del enorme árbol.

«Primero me pisotearon la cola. Entonces se atrevieron a cortársela», murmuró la criatura con dolor. Juró vengarse del hombre.

A partir de entonces, la serpiente comenzó a causar pérdidas al granjero. En un ataque de rabia, comenzó a picar a varios de los ganados del Granjero, lo que lo llevó a sufrir una gran pérdida.

«Ya había perdido a mi hijo, ahora tengo que ver morir a mi ganado. Es mejor reconciliarse con la serpiente antes de que me haga más daño a mí o a cualquiera de los miembros de mi familia», pensó el hombre.

Con este propósito, el granjero fue a la guarida de la serpiente con comida y miel y le ofreció las golosinas diciendo,
«Sabes, deberíamos dejar lo pasado en el pasado. No había enemistad entre nosotros como tal. Así que, ¿por qué no nos olvidamos y nos perdonamos y somos amigos?»

«No puede ser», contestó la serpiente, «llévate tus regalos. No puedes perdonarme por la muerte de tu hijo, ni puedo olvidar la pérdida de mi cola.»

Moraleja de la serpiente y el hombre

Las heridas pueden ser perdonadas, pero no olvidadas.

ESOPO

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