La Fábula del León, el burro y el tesoro

Érase una vez un burrito curioso que observaba desde lejos las habilidades de caza de un imponente león. El burrito quedó admirado por la inteligencia, fuerza y determinación del rey de la selva, por lo que decidió proponerle una alianza para buscar un tesoro del que había oído hablar. Pensó que juntos podrían obtener beneficios para ambos.

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Al principio, el león no podía creer lo que estaba escuchando. Sin embargo, después de reflexionar, aceptó el trato propuesto por el burrito. Quedaron de encontrarse al día siguiente en el mismo lugar para comenzar su búsqueda del tesoro. Mientras tanto, el burrito no pudo evitar presumir de sus grandes planes y de tener un socio tan poderoso.

La noticia del burrito no fue bien recibida por los demás animales, quienes creían que se trataba de una absurda broma. No le tomaron en serio y no prestaron mucha atención a su alarde.

Al día siguiente, el burrito y el león cumplieron con lo acordado y se adentraron juntos en una aventura llena de dificultades y peligros. Gracias a la información que poseía el burrito y a la astucia y fuerza del león, lograron superar todos los obstáculos y obtener finalmente el tesoro esperado.

La emoción inundó sus corazones y se abrazaron, rieron y dieron saltos de alegría. Sin embargo, cuando llegó el momento de repartir el botín, el león sorprendió al burrito con sus palabras. Le dijo que el tesoro estaba dividido en tres partes: una para él por ser el rey de la selva, otra para él por ser más fuerte que el burrito, y la tercera parte era lo que le cobraría al burrito por sacarlo sano y salvo de aquel lugar peligroso.

El burrito intentó protestar, pero considerando su situación, decidió actuar con prudencia. Aunque se sentía frustrado y engañado, sabía que la mejor opción era hacer lo que decía el león para salir de allí lo más rápido posible. Bajó la cabeza y comenzó el camino de regreso, cargando con el tesoro de su supuesto socio, mientras el león caminaba delante de él con una expresión de gran satisfacción en su rostro.

Moraleja:

 La prudencia y la humildad son virtudes que nos ayudan a tomar decisiones más acertadas y a evitar ser manipulados por personas que buscan su propio beneficio.

Pensamiento final: Esta fábula nos enseña que debemos evaluar nuestras propias capacidades antes de embarcarnos en grandes empresas. No debemos asociarnos con personas que claramente superen nuestro poder, ya que podríamos ser víctimas de su engaño. En situaciones como esta, es importante ser humilde y tener en cuenta nuestros propios límites. .

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