4 Piezas de fábulas Largas y con moraleja ~ Fábulas.wiki

4 Piezas de fábulas Largas y con moraleja

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Las fabulas largas tienen la estructura de cuento pero siempre con pocos personajes y con una moraleja.

El Ruido Interior

Fabulas largas

Hace muchísimos años vivió, en algún lugar de la antigua China, un maestro zen, al que todos querían, respetaban y valoraban. El hombre era un sabio al que todos visitaban para pedirle consejos. Su fama llegó gracias a sus excelentes consejos, desde entonces personas de todas partes de China recurrieron a él.

En un comienzo el maestro se sintió halagado de que jóvenes aprendices fueran a él para su instrucción, por ayudarlos frecuentemente, su fama creció cada día más. Sin embargo, llegó un momento en el que tuvo que escoger sus discípulos, ya que no tenía tiempo para grupos tan numerosos. Transcurridos los años muy rápidamente, el sabio envejeció y su actitud también cambió, se volvió duro y hosco.

Los aprendices que iban con él, terminaban por abandonar al maestro sorprendidos por su trato. De repente su fama de maestro zen extraordinario y dulce con todos se transformó en fama de un sabio arrogante e intratable. Así que sus discípulos buscaron como alternativa a otros sabios. Lentamente el maestro se quedó solo. Sin nadie a quien enseñar, se decidió por dedicarse a cuidar de su jardín y a reflexionar en absoluta soledad.

Sin embargo un día, un joven aprendiz que oído hablar tan buenas cosas de aquel maestro y sorprendido por el cambió referente a lo que se decía del mismo hombre, decidió comprobarlo por sí mismo. Todos le advirtieron nuevamente del carácter del maestro pero el joven no prestó atención, ya que quería conocerlo.

Un día el muchacho llegó, luego de una larga travesía, a la casa del maestro. Tocó la puerta pero nadie salió para abrir. Al ver que había en el interior la luz de una vela encendida supuso que el maestro zen estaba dentro de su casa. Así que, volvió a llamar, una y otra vez… Miró por una pequeña hendidura y al observar el perfecta estado del jardín se dio cuenta de que el sabio lo sabía cuidado, por ende no podía estar enfermo. En lugar de irse, el joven decidió esperar frente en la puerta hasta que le abrieran. El pobre aspirante a aprendiz estuvo toda la fría noche a la intemperie, fuera de la casa del maestro.

Al día siguiente, muy temprano, el sabio se dignó a abrir la puerta y dejó entrar al muchacho pero a regañadientes. El anciano dijo de malagana al joven que tomara asiento, cuando este lo hizo, de inmediato le gritó: “¡Siéntate correctamente, como debe ser: con dignidad y no encorvado, estúpido!”

El joven se sintió ofendido pero no dijo nada, obedeció al maestro deprisa y se sentó con la espalda erguida. Después, el anciano se sentó junto a él con una tetera repleta de té recién hecho. ¡Su olor era increíble! Se sirvió un poco de té en su taza, al joven lo miraba fijamente esperando que le ofreciera y sólo le preguntó si quería luego de un largo tiempo.

El aprendiz asintió con la cabeza y el sabio sirvió otra taza de té pero no se la dio, sino que la arrojó a la cara al sorprendido muchacho, quien no podía creer lo que le estaba pasando y muy enojado le increpó al maestro.

“¿Enserio? ¿De esta forma trata usted a sus visitas?”

Sin darle una respuesta el anciano cerró sus ojos, concentrándose para la meditación. El joven un tanto confundido decidió hacerlo mismo, y cuando tenía sus ojos cerrados sintió una bofetada, que produjo un gran estruendo. El joven abrió los ojos por la sorpresa y el dolor que le provocó aquel golpe.

Entonces el maestro zen sin inmutarse o disculparse le preguntó: “Y bien ¿De dónde crees que provino el sonido de esa bofetada? ¿De la mano o de la mejilla?

El aprendiz pensó detenidamente y descubrió que la pregunta tenía trampa, entonces respondió “De mi mente, maestro. El ruido nació en mis pensamientos y emociones, de ahí partió a mi mente.”

El anciano sonrió orgulloso y le respondió: “Al fin llegas, eres el discípulo que siempre estuve esperando.”

Desde aquel momento, el sabio cambió totalmente en su trato para con su joven discípulo, para él era el mismo anciano dulce y extraordinario que describían al inicio de su fama. El muchacho logró aprender tanto y de tantas cosas, que se hizo el maestro más venerado y sabio de todos. Superando incluso a su propio maestro.

Moraleja

Lo verdaderamente bueno se esconde detrás de las apariencias

El Ejército del León

fabula el león y su ejército

Había una vez un león muy preocupado y angustiado, ya que había un grupo de cazadores persiguiendo a los animales. Un día harto el león decidió formar un ejército, el sería el comandante y buscaría a otros animales igual de preocupados por la situación que él, para derrotar a los cazadores.

El león comenzó inmediatamente su búsqueda. Se topó con un elefante junto al río. Le contó su plan para acabar con los cazadores y luego le dijo: “Oye, amigo elefante, te propongo que seas la defensa del ejército porque eres muy grande y fuerte. Irías al frente de todos nosotros.”

Luego los dos siguieron nuevos más miembros para el plan. En la sábana había un lobo solitario, al verlo el león aprovechó para proponerle lo mismo que al elefante, quien sin embargo, preguntó indignado al rey de la selva «¿Crees que nos será de alguna ayuda un animal tan pequeño con comparación conmigo? Realmente no me lo parece.»

El león hizo como si no hubiese escuchado al elefante, ignorándolo por completo, le habló al lobo «Señor lobo, de todos nosotros usted será el soldado más feroz y rápido.»

El lobo se sintió muy halagado con las palabras del león y decidió aceptar. Ahora los tres buscaban más animales que se unieran a ellos.

Después de un largo rato caminado se encontraron a otro grupo conformado por un mono gritón, una liebre asustadiza, y un burro muy anciano. El león les propuso que se unieran a su ejército. Al oírlo tanto el lobo como el elefante se miraron el uno al otro, sin salir de su asombro, no entendían porque necesitaban integrantes que ellos consideraban débiles, furiosísimos pidieron una explicación al león:

«Señor León, entendemos que usted tomó el mando del ejército y que la idea es suya pero ¿Para qué necesitamos a esos animales débiles y viejos que no sirven para nada? La única habilidad del mono es gritar, la liebre es una cobarde que sale corriendo cuando una insignificancia la asusta; y ese burro está tan viejo y es incapaz de poder consigo mismo.»

El león de nuevo hizo oídos sordos e ignoró al lobo y al elefante. Halagó al mono, la liebre y al burro como había hecho con el lobo. Cuando ellos aceptaron, su ejército estuvo completo. Los días pasaron  y el león se dedicó a planear su ataque según las habilidades de cada animal.

Tiempo más tarde, finalmente llegó el día de la batalla contra los peligrosos cazadores. El burro al ver a sus enemigos rebuznó muy fuerte para avisar les a los demás proximidad de los hombres. La liebre corrió lo más rápido que pudo para llevar los mensajes de uno a otro miembro del ejército, y el mono gritón, con sus alaridos, hizo que los cazadores se distrajeran en todos los flancos, ya que con su agilidad podía saltar de un árbol a otro.

Por otro lado, el gran elefante hizo su aparición amenazando a los cazadores con su trompa, luego apareció el lobo, con su manada. El león por su parte comenzó a rugir, eso atemorizó a los cazadores que sin pensarlo dos veces, huyeron despavoridos dejando sus armas y nunca volvieron. El ejército del león había ganado.

Moraleja

No subestimes a los demás.

El Elefante que Perdió su Anillo de Boda

Fabulas largas

Hay una historia muy antigua sobre lo que le ocurrió a un joven elefante antes de su boda. El elefante de la historia era grande, guapo y muy inteligente, pero no lograba encontrar una novia, y veía con cierta tristeza cómo uno a uno todos sus compañeros encontraban a alguien y formaban una familia, mientras él siempre estaba solo.

Sin embargo, un día, su manada se topó con otra manada de elefantes, entre las decenas de elefantes, había una linda elefante soltera que se fijó en el elefante solitario. Él también se fijó en ella, intercambiaron algunas palabras y ambos notaban la atracción.

Quedaron un día para jugar y dar largas caminatas por la selva. Ambos tenían en común los mismos intereses, hablaban sobre todo y reían sin parar. Se divertían mucho juntos y no podían, ni querían dejar de verse. Así se dieron cuenta de lo mucho que estaban locamente enamorados el uno del otro.

El elefante decidió, sin dudarlo, proponerle matrimonio a su amada elefanta. Ella aceptó encantada y se lo contaron a sus respectivas manadas. ¡Qué gran alegría tenían las dos manadas! ¡Desde hace mucho tiempo que ninguna celebraba una boda! Se pusieron de acuerdo para organizar el evento con mucha ilusión por el porvenir. Mientras unos se encargarían de cocinar banquete, otros comenzaron a limpiar para luego arreglar el terreno donde tendría lugar la ceremonia.

Las amigas más cercanas de la elefante se reunieron para organizar otros los preparativos referentes a la boda, como su despedida de soltera, los adornos para la ceremonia y lo que usaría la novia en su gran día.

Los amigos allegados al elefante acompañaron al novio a escoger el diseño y encargar los anillos de matrimonio. El seleccionado para elaborar la suntuosa joya fue un primo del novio, el cual trabajaba la orfebrería y era muy destacado en ello.

Todo parecía marchar muy bien para los novios y futuros esposos, quienes se encontraban felices y ansiosos porque llegase el día de la boda.

El día en el cual al novio le tocaba buscar las alianzas, justo la tarde anterior a la ceremonia. Visitó a su primo para encontrar unos anillos hermosos, únicos, una excelente obra. Tenían el nombre de ambos elefantes tallados en su interior. El elefante se los puso en la trompa para llevárselos tranquilamente a casa, estaba muy contento con el resultado, pues nunca había visto unos anillos tan bonitos.

Sin embargo, caminando cerca de la orilla del río, distraído pensando en su boda con su gran amor. El elefante trastabilló con una piedra cayendo de forma estrepitosa al agua. El pobre animal se llevó un gran susto y un buen golpe, pero consiguió ponerse de pie. Afortunadamente no le había pasado nada físicamente excepto por el dolor, pero al levantarse, se dio cuenta para su desgracia que el anillo de bodas de su novia faltaba, había caído al agua.

El elefante inmediatamente se puso muy nervioso y desesperado sentía que su corazón se iba a escapar del pecho, imaginando lo que ocurriría si no tenía los anillos. Sin poder controlarse se puso a escarbar con sus patas, con la trompa, dando una y otra vez vueltas en círculo, esperando encontrarlo de esa forma el anillo. El agua estaba enturbiada por la arena que levantaba con su esfuerzo para poder recuperarlo. El elefante no lograba ver nada con toda la arena sumada al movimiento del agua. ¡No podía encontrar el anillo!

Un búho que estaba tranquilo en la rama de un árbol, había observado toda la escena del desesperado elefante y le gritó: “¡Tranquilo! ¡Detente!”

El elefante no lo escuchó, no podía, sus nervios no le permitían concentrarse en nada más. Sentía muy ansioso, tanto que no era capaz de oír, solo se recordaba a sí mismo que no tendría tiempo para encargar un nuevo anillo, y que su novia se entristecería mucho, o que peor aún tal vez no habría boda, tan pronto se enterase de lo que había ocurrido.

Entonces, el búho voló y aterrizó sobre el cuerpo del elefante y le dijo una vez más: “¡Detente! ¡Cálmate!”

Sólo de esta forma el elefante se dio por enterado de que el búho le estaba hablando. Decidió escuchar al que tenía que decir, ya que había recordado que el búho era uno de los animales más sabios de la selva.

“Estás muy perturbado, sin paciencia alguna, y no paras de escarbar en la arena del río. Levantas la arena y ésta enturbia el agua, eso es lo que no te deja ver en que lugar buscar. Deberías de intentar quedarte quieto, en extremo quieto, si es posible no muevas si un musculo. Espera y mira el agua.”

El elefante decidió hacer al pie de la letra el consejo del sabio búho. Al fin logró calmarse por un instante, y la arena empezó a caer en el fondo del río, donde solía estar. El agua dejó de agitarse y una luz en el fondo comenzaba a brillar con gran nitidez. ¡Era el anillo del preocupado elefante!

Entonces muy emocionado el elefante exclamó: “¡Oh, te lo agradezco mucho búho! ¡Muchísimas gracias por tus sabias palabras!

La boda se logró celebrar el día acordado sin ningún otro tipo de contratiempo. El elefante incluso invitó al búho para que fuese su padrino de honor. Los elefantes se dieron el sí quiero durante la ceremonia, donde intercambiaron los anillos, frente a ambas manadas completamente emocionadas y felices. El elefante, por otro lado, aprendió una sabia lección la tarde anterior.

Moraleja

No te desesperes, cálmate y luego las cosas se verán de otra forma.

La Hormiga y la Cigarra

Fabula la hormiga y la cigarra

Transcurría un verano caluroso en el bosque, todos los animales vivían felices, despertaban cada día llenos de energía y tranquilidad, alumbrados con los rayos del sol. Las plantas eran de un color verde reluciente, las flores crecían para estar muy hermosas, y el agua de los ríos parecía correr con alegría hacia su cauce. Entre todos los animales del bosque había una cigarra, la cual se alegraba, al igual que todos, de celebrar cada nuevo día el rocío de la flora y de recibir los rayos del sol. Desde horas muy tempranas de la mañana, cantaba hermosas tonadas, y así seguía hasta la llegada de la tarde, en ocasiones hasta se ocultaba el sol y ella seguía cantando.

La cigarra cantaba tanto que los animales del bosque se acostumbraron a ella y terminaron por alegrarse con sus melodías, caminaban de un lado al otro o hacían sus tareas bailando según la música. No obstante, había una pequeña hormiga que vivía muy cerca del lugar, que nunca se sumaba a la diversión del bosque, ya que a duras penas lograba se detenía por un momento para disfrutar las canciones de su compañera la cigarra. Lo más importante para ella era el trabajo, la hormiga recogía los alimentos que encontraba desde que despertaba al amanecer, bien temprano, hasta que el sol se ponía en el horizonte. Sólo la falta de luz le impedía seguir trabajando, le era muy difícil buscar provisiones sin poder ver algo.

Un día la cigarra al ver a la hormiga esforzándose tanto le dijo: “¿No deberías parar un segundo de trabajar, pequeña amiga?”

La hormiga entonces le respondió: “El verano no es eterno, querida cigarra. El invierno está muy próximo a venir y debo estar preparada para su frío. Es más, tú deberías comenzar a preocuparte y hacer lo mismo”. A modo de contesta la cigarra se limitó a simplemente reír con ruidosas carcajadas. Por su parte, la hormiga siguió cargando frutas y granos al interior de su casa, sin darle importancia a la burla.

Trascurrieron muchos días, algunas semanas y pocos meses. La hormiga nunca detuvo su trabajo, pero la cigarra, ni siquiera lo comenzó, pues continuaba ocupada cantando contenta y despreocupada del porvenir. Pasaron unos días más, cuando empezó a sentirse el aire frío que provenía de las altas montañas, los rayos del sol se hacían cada vez más débiles y la yerba perdía tras día su brillo. El invierno estaba comenzado, y lo que solía ser fresco y lleno luz, estaba convirtiéndose en un ambiente gris, oscuro y muy frío.

La cigarra, cada vez cantaba menos, no podía continuar debido a la temperatura, y un día cuando llegó la noche, trajo con ella la nieve llenando por completo el bosque y las ramas de los árboles que tiempo atrás se habían quedado sin hojas. Agotada luego de tanto caminar, y sin poder encontrar un buen refugio que la protegiera, la cigarra pasaba cerca de la casa de la hormiguita, apenas lograba avanzar, con mucho esfuerzo ya que debía apartar los copos de nieve que encontraba en el camino. Tocó en la puerta de su conocida la hormiga, y como gracias al sonido de la fría brisa no se escuchaban sus golpes contra la puerta, decidió gritar con todas sus fuerzas:

“Amiga mía, por favor. Ábreme. Me estoy desvaneciendo por el cansancio y por el hambre, mi cuerpo no soportará tanto frío y tengo miedo de que vaya a morir congelada. Ayúdame, necesito comer algo y protegerme de las inclemencias del clima. ¡Por favor!”.

La hormiga descansaba cómodamente en su casa, sin prestarle atención a los lamentos de la cigarra, y después de escuchar durante un tiempo sus súplicas, cansada de ellas, se aproximó a la puerta y le dijo: “Lo siento, amiga cigarra. Yo trabajé poniendo todo mi esfuerzo para reunir cada grano de comida que tengo y para mejorar mi casa, para que me protegiese del frío. Dime, mientras tanto, ¿Qué hacías tú? ¿En qué utilizaste tu tiempo cuando aún podías trabajar, cuando el verano aún era misericordioso?”

“Pues yo estaba cantando y cantaba hermosas melodías acompañada por de los rayos del sol. Eran tiempos muy felices, pero ahora ya no lo son.”

“En aquel momento te dedicaste a cantar tranquilamente durante todo ese tiempo bajo el sol, ahora te toca bailar al ritmo del frío. Eso es lo que le ocurre a los perezosos como tú.”

Habiendo dicho aquello, la hormiguita se apartó de su puerta para hacerse la cena y deleitarse del calor tan encantador que había en el interior su casita. ¿Y qué ocurrió con la cigarra? Pues no tuvo otra alternativa que pasar un duro y frío invierno, rodeada por la nieve, pero estaba vez aprendió la lección.

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