Fábulas de Trabajo en Equipo

Advertisement

Gota de Agua, Copo de Nieve

gota de agua, copo de nieve

Erase una vez una gota de agua que soñaba con convertirse en un copo de nieve para cubrir praderas. Esperó muchos años hasta que una gran sequita evaporó a la gota, quien comenzó a subir hasta el cielo, formando parte de una pequeña nube. Tan pronto como hizo frío, sin perder la oportunidad se dejó caer en forma de nieve, sobre el campo.

Pero era sólo un diminuto copo de nieve, en cuanto tocó el suelo se convirtió nuevamente en una gota. Esperó nuevamente a evaporarse y llegar a otra nube, sobre la cual entusiasmada repitió el proceso anterior, de dejarse caer tan rápido como pudo pero el resultado fue el mismo, seguía volviéndose gota en segundos. Intentó lo mismo una y otra vez.

Un día, llegó a una nube enorme, con millones de gotas de agua evaporada. La nube era enorme, pero incómoda, ya que unas gotas le daban órdenes a otras obligándolas a apretarse mucho entre sí: “¡las gotas grandes abajo! ¡Las gotitas arriba! ¡Rápido, no tenemos tiempo que perder!” La gota se alejó pensando en dejarse caer de nuevo, cuando otra gota la detuvo para preguntarle: “¿A dónde vas? ¿No quieres participar?”

Al ver el gesto de la sorprendida gotita, la otra comenzó a explicarle: “Todas las que estamos en esta nube queremos ser copos de nieve por muchos tiempo, para eso estamos todas aquí. Hace años intenté muchas veces ser un copo por mí misma pero era imposible. Entonces encontré esta nube que es genial porque todas hacemos un poco de esfuerzo para nevar, y gracias a todos los poquitos hemos logrado nevar por mucho tiempo.”

Al poco tiempo ambas gotas volaban por el cielo como copos de nieve, junto a otras millones que caían como gotas y como copos de nieve. Nuestra gota comprobó con alegría, que trabajando en equipo se puede conseguir hasta lo más complicado.

Moraleja

Nunca hay que darse por vencido

El Saco de Pulgas

Fábulas de Trabajo en Equipo

Había una vez un brujo y un mago, ambos tenían una gran colección de pulgas, eran las más inteligentes, saltarinas y fuertes. Llevaban unas 1.000 pulgas cada uno, guardadas en unos sacos de cristal muy raros. Un día, ambos se encontraron en un bosque, charlaron tanto que se les hizo de noche y tuvieron que acampar allí.

Cuando dormían, el mago estornudó muy fuerte, tanto que chispas de fuego mágicas escaparon de su nariz, con la mala suerte de que una incendió las hojas cercanas a donde habían dejado los sacos de pulgas Ambos seguían dormidos y el fuego crecía rápidamente, las pulgas se pusieron nerviosas, temiendo por su vida. Todas eran inteligentes y fuertes, por lo que cada una ideó un plan para escapar, saltando para conseguirlo. Pero saltaban todas a hacia una dirección diferente, los sacos seguían muy cerca del fuego y cerca de acabar con la vida de todas.

De repente una pulga del mago vio a todas las pulgas del saco del brujo saltando sin ningún orden ni sentido, así nunca lograrían salvarse. Dejó de saltar y reunió a un grupo de pulgas para saltar a un solo lado. No se pusieron de acuerdo hacia que lado saltar, así que decidieron ir adelante y atrás.

Todas las pulgas del grupo comenzaron a saltar juntas, las demás pulgas al verlas entendieron que sería más sencillo escapar si todas trabajaban juntas, al poco tiempo todas las pulgas se balanceaban adelante y atrás, una y otra vez. Las pulgas del brujo, viendo al otro saco, decidieron hacer lo mismo. Tuvieron suerte, ya que mientras los sacos se balanceaban chocaron uno contra el otro, rompiéndose en pedazos, entonces las pulgas fueron libres para escapar. Finalmente el fuego despertó a los hechiceros pero era demasiado tarde, las pulgas habían huido, aunque lograron apagar el incendio.

Nunca se volvió a saber nada sobre estas pulgas pero se rumorea que siguen trabajando juntas para sobrevivir los peligros e inclemencias del bosque.

Moraleja

Uniendo esfuerzo se llega muy lejos

Los Erizos Congelados

Fábulas de Trabajo en Equipo

En la edad de hielo, los animales estaban muriendo de frío, sin saber qué hacer. Los erizos se dieron cuenta del problema, así que se pusieron de acuerdo para trabajar juntos en grupos, para abrigarse y cuidarse mutuamente, pero las espinas que tenían herían a sus compañeros de al lado, los que les ofrecían más calor. Heridos, decidieron separarse, dejando de trabajar en equipo. Sin embargo, el problema continuaba, estaban muriendo de frío.

Luego de que muchos murieran se vieron obligados a decidir, aceptar las espinas de los demás o morir. Concluyeron volver a trabajar en equipo, aceptando las espinas de los demás, conviviendo con ellas e intentando que las propias no hirieran tanto al del lado, después de todo, lo más importante era el calor del otro para lograr sobrevivir.

Moraleja

Hay que aceptar los defectos de los compañeros

Las Tres Hilanderas

Fabula las tres hilanderas

Había una vez una madre y una hija muy perezosa, que no quería aprender a hilar el lino. La madre una vez se enfadó tanto con ella que le gritó muy fuerte, la hija se puso a llorar, llamando la atención de todos los que pasaban, entre ellos la reina. Se acercó para preguntar qué pasaba y la madre avergonzada inventó:

“Su majestad, mi hija me pide lino para seguir hilando como le gusta hacer, pero somos pobres y yo ya no puedo pagarlo.”

La reina respondió: “Eso no será problema tengo tanto lino en el palacio que ocupa tres habitaciones, la llevaré para que trabaje allá. No le faltará nada.”

La madre aceptó y la reina se llevó a la joven muchacha, cuando llegaron al palacio, la dejó en una de las habitaciones repletas de lino y le dijo: “Puedes comenzar ya, y cuando acabes te prometo que te casarás con mi hijo, no me importa si eres pobre, me importa que trabajes.”

Cuando la joven se quedó sola era más que obvio el hecho de que estaba preocupada, no sabía cómo hilar todo, comenzó a llorar, y sólo eso hizo por tres días. Cuando volvió la reina no había hecho nada y la joven se excusó en que extrañaba a su madre, la reina le creyó y le dijo que debía empezar al día siguiente. La joven angustiada buscaba una solución, de acercó a la ventana y vio a tres mujeres que se le acercaban para preguntarle que le pasaba, y ella les contó toda la historia.

Las mujeres se ofrecieron a ayudarla, guardando su secreto, con una condición, debía invitarlas a su boda y compartir mesa con ella. La joven estuvo de acuerdo y las mujeres comenzaron a trabajar por ella, ocultándose cuando venía la reina. Al entregar todo el trabajo, las tres habitaciones enteras, la reina estaba feliz, y también el príncipe. Cuando llegó el día la joven invitó a quienes la habían ayudado, y les dio la mesa de honor junto a ella y su esposo, quien se sorprendió de verlas por su extraña apariencia.

El príncipe preguntó a una por su pie ancho y ella respondió que era de tanto pedalear para hilar, a otra que porque tenía el labio tan caído, a lo que contestó que era por humedecer el hilo y a la última mujer le preguntó porque tenía un dedo tan grande, ella dijo que era de tanto trenzar el hilo.

Entonces el príncipe exclamó: “¡Ni hablar! ¡Mi esposa es hermosa! ¡Nunca debe hacer ese trabajo.” Y así la joven, ahora princesa, se vio libre de hacer el trabajo que tanto detestaba.

Moraleja

Reconoce las acciones de los demás

Advertisement

Deja un comentario