7 Fábulas de suspenso

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La maldición del infante

Infante maldito

Había una vez en un rey remoto un príncipe del que todos decían que estaba maldito. El príncipe era un niño de 8 años, todos le temían y decía que solo traería desgracia al reino. Un día el joven preguntó a su padre, el rey, la razón de estos comportamientos.

Entonces su padre le contó, que cuando tenía 3 años, una bruja caminó por el reino, contando a todos los súbditos ese rumor y ellos lo creyeron. El príncipe se puso muy triste por esas mentiras, el rey al verlo así hizo un plan para que dejaran tranquilo a su hijo. Consistía en vestir al niño, como si fuera un demonio y que fuera al pueblo a decir la frase: “Gentes del pueblo, la profecía ha sido cumplida, si no queréis terminar como el rey, ahora debéis seguir mis órdenes.”

Los súbditos no sabían que había pasado con el rey pero estaban atemorizados, así que la mayoría huyó. Sólo quedaron quienes no creían en las brujas, ellos vivieron vidas felices en un reino próspero.

Moraleja

No hay que creer todo lo que se oye

Leyenda de Esther

leyenda-de-Esther

Había una vez una joven llamada Esther, que todos los días visitaba el lago del pueblo, allí jugaba con sus muñecas de trapo. Un día encontró un viejo libro casi enterrado bajo una piedra y quiso ver que era, lo recogió y comenzó a leerlo. El libro narraba la historia de una vieja bruja que había vendido su alma a un ser muy oscuro y que no quería pagar. Un día desapareció y dejó al pueblo sorprendido.

Casi al final del libro el texto decía que quien encontrase el libro debía encontrar una manera de traer a la bruja al mundo de los vivos. Esther al leerlo le pareció muy irreal pero divertido, cerró el libro y lo llevó a casa pero no leyó la advertencia del final: «Haz lo que te digo, es tu castigo por curioso. Si no lo haces atente a las consecuencias, en la noche habrás de temer, porque vas a entrar el mundo de los muertos. Aunque no irás ni al cielo, ni al infierno. Atrapado quedarás.»

La noche llegó, Esther no leyó la advertencia y tampoco se tomó enserio el contenido del libro. Pero el libro no era irreal y cada vez se iluminaba más, Esther se fue a dormir sin verlo. Jamás despertó, y nunca la encontraron.

En el pueblo comenzaron los rumores, decían que era una bruja o la reencarnación de la bruja. Tras ella hubo otras desapariciones, y desde entonces el árbol que estaba en el medio del lago fue muy extraño, había muñecas de trapo colgadas.

Nadie sospechó nada, hasta que en pleno día un niño se acercó al árbol y una persona vio como una joven parecida a Esther pero que parecía comida por animales marinos metía al niño en el lago. Mientras tanto, aparecía una nueva muñeca, con la ropa que el niño llevaba. Desde entonces, nadie se acercó al lago.

Moraleja

La curiosidad puede ser peligrosa

Rumpelstilskin cumple un deseo

Fábulas de suspenso

Había una vez un padre y una hija que llevaban más de dos años distanciados, desde que la esposa y madre muriera. Día tras día el padre intentaba arreglar las cosas con su hija, que se encerraba en su habitación y se negaba a verlo, a menos que le devolviera a su madre.

El padre se sentía muy mal por ello, y también extrañaba a su esposa.

Así que tuvo una idea, le eran conocidas las habilidades mágicas de Rumpelstilskin y fue a buscarlo. Rumpelstilskin estaba feliz de que la gente lo recordara y aún más de que quisieran hacer tratos con él. Rápidamente hicieron un acuerdo.

En casa, la hija escuchó que llamaban a la puerta como de costumbre y le pidió a su padre que se fuera pero le contestó una voz femenina: “Tranquila, pequeña.” La voz de su madre

La hija respondió: “¿Mamá, enserio eres tú?”

“Soy yo, tranquila.”

“¿Dónde está papá?”

Moraleja

No pidas imposibles, podrían costar muy caro

El Embustero

Embustero

Había una vez, un hombre que se encontraba muy enfermo y pobre, en su desesperación prometió a los dioses sacrificar cien bueyes si lo curaban de su agonía. Los dioses, decidieron ayudarle para ver si cumplía con lo prometido.

El hombre se recuperó de sus dolencias pero tenía un problema, no tenía cien bueyes, tampoco dinero para comprarlos. Así que fabricó cien bueyes de sebo, pensando que con eso calmaría a los dioses, los llevó al templo.

Los dioses fueron engañados pero no iban a quedarse tan a gusto, en respuesta hicieron un plan para vengarse del embustero. En sueños le mostraron una bolsa enterrada en una playa cercana, que contenía 100 monedas de oro. El hombre se despertó y apresurado corrió hasta la playa, no había ninguna bolsa pero si piratas, quienes lo capturaron y lo vendieron como esclavo.

Moraleja

Quien engaña, será engañado.

La criatura del desván

Fábulas de suspenso

Había una vez, un niño que fue a buscar un libro en el desván, sin encender una vela, entonces vio dos ojos enormes y de casi un metro de distancia. El niño salió corriendo y gritando del desván, no sin antes cerrar la puerta para que ese horrible ser no escapara.

Pasaron los días, y la historia se hizo conocida pero nadie quería entrar en el desván, en el que continuaban escuchándose ruidos más salvajes cada día.

Hasta que un día llegó un marinero noruego, cuyo barco había naufragado. Los lugareños le ofrecieron mucho dinero por enfrentarse a la criatura, y él aceptó, aunque pidió herramientas, una red y un carro para cargar a la criatura.

Lo último que supieron del marinero fue que desapareció en el desván, pero que tras unos gritos horribles jamás volvieron a saber del monstruo. Aun cuentan leyendas sobre el monstruo pero la verdad es que dos timoneles del barco acordaron una farsa para obtener el dinero necesario para comprar un barco nuevo.

Moraleja

No todo lo que escuches y veas es cierto

La muerte y el fracasado

la muerte y el fracasado

Vivía un hombre que siempre estaba amargado y se quejaba ante cualquiera por todo lo que había sufrido en la vida, los negocios que no le habían ido bien y todo aquello de lo que pudiera lamentarse. A menudo le pedía a la muerte que se lo llevara para acabar con su tormento.

La muerte un día decide hacerle caso e ir a acabar con sus miserias y sufrimiento, de esta manera se presenta al hombre, quien aterrado ante la muerte le dice desesperadamente que se aleje y que no irá con ella y continua: “¡Por grande que sea mi desgracia la prefiero mil veces a marchar contigo a tu mundo de tinieblas!”

Moraleja

Mejor vivir con amargura

La muerte y el moribundo

La muerte y el moribundo

Érase una vez un anciano moribundo, que tenía más de cien años y se quejaba porque la muerte lo llevaba de improviso, sin dejarle hacer testamento, sin encontrarle un buen trabajo a su nieto y sin añadir un ala a su casa.

La muerte al verlo comenzó a increparlo: ¿Te he sorprendido? Te quejas de mí pero ya has cumplido 100 años, hay muy pocos mayores que tú. Dices que debía darte un aviso pero si has perdido la fuerza y los sentidos, tus amigos están muertos. Además ¿Qué importa si has hecho el testamento?

Moraleja

No hay que temer a la muerte, en especial si ya se es mayor

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