5 Fábulas que enseñan sobre la empatía

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La Rana del Pantano y la Rana del Camino

5 Fábulas que enseñan sobre la empatía

Había una vez una rana, que vivía en un pantano, alejada de las personas y de otras ranas, se acostumbró a estar sola en un espacio muy amplio. Algunos la consideraban una soñadora y ella pensaba que valía la pena soñar, y jugar en su gran casa.

Un día mientras paseaba observó que otra rana se había quedado varada en un charco de agua. La rana del pantano se acercó a ella, la ayudó y le dijo:

“¡Podrías vivir conmigo! Aquí te encontrarás a salvo y mejor. No te quedarás atrapada en ninguna parte.”

La rana del camino se negó pero su compañera insistió varias veces a lo que respondía: “No dejaré mi estilo de vida, estoy satisfecha y me siento bien con ello.”

La rana se negó nuevamente y se marchó a seguir andando sin un rumbo fijo pero unos días después fue atropellada por una carretilla.

Moraleja

Ofrece tu ayuda, incluso si es rechazada

El Enfado de Roqui

Fábula el enfado de Roqui

Era un caluroso día de verano cuando varios animales decidieron ir a jugar en un parque cercano, hicieron una larga línea para la atracción principal, un columpio. En la larga fila, había un erizo que trastabilló y para evitar caerse se apoyó en su amiga, la tortuga Roqui.

Roqui se molestó un poco pero lo dejó pasar, luego cuando llegó su turno de subirse al columpio el erizo la adelantó, aunque sin intensión de adelantarse. La tortuga se enojó muchísimo más y gritó a todos los que pudieran oírla: “¿Saben que me hizo el erizo? Me clavó sus espinas para pasarme en la cola y subirse primero. Que sinvergüenza”

Asombrados por lo que escucharon los animales murmuraban entre ellos que el erizo era un malvado abusador, excepto el burro, el animal más prudente de los presentes, que dijo: “Tal vez fue sin querer.”.

La tortuga muy enfadada dijo: “No ha sido así, y no volveré a hablar con él en mi vida.”

El burro quiso solucionar la situación con todos los presentes y le preguntó al erizo su versión de los hechos, le contó que se había tropezado y por eso puyó a la tortuga, respecto a la cola explicó que se había tropezado nuevamente y había dado la impresión de adelantarse pero que pensaba volver a su lugar cuando la tortuga gritó.

Cuando escuchó a su amigo la tortuga entendió lo que sucedió, además sabía que el erizo era bastante torpe pero de buen corazón, así pensó que no debía mentir. Rápidamente, volvieron a ser amigos.

Moraleja

No hay que juzgar por la primera impresión

El Pez y el Mono

5 Fábulas que enseñan sobre la empatía

Había una vez un mono que caminaba por la orilla del río. Estaba aburrido, así que se detuvo a observar la naturaleza, los árboles, el agua y captó su atención un pez, que daba pequeños saltos para salir a la superficie de vez en cuando y volvía a entrar al agua.

Era la primera vez que el mono veía al pez saltarín, así que pensó que se ahogaba y decidió ayudarlo. Lo sacó del agua, sujetándolo con sus dos manos, el pez comenzó a moverse con mucha fuerza y el mono pensó que estaba feliz de salvarse. Poco después el pez dejó de moverse y el mono al verlo sin vida, pensó que era una pena que no hubiese podido ayudarlo antes.

Moraleja

Hay que saber ayudar

El Ratón y la Ratonera

5 Fábulas que enseñan sobre la empatía

Había una vez un ratón, que vivía en la casa de una granja, un día el granjero y su esposa llegaron con un paquete, en un principio pensó que era comida pero luego vio que era una trampa para ratones. Asustado salió corriendo a la granja para contarles a todos. Pero no encontró ningún apoyo, primero visitó a la gallina quien de mala gana le contestó: “Es tu problema, a mí no me incomoda en lo más mínimo.”

Luego buscó al cordero, quien tampoco le ayudo diciéndole que lo máximo que podía hacer era orar por él. Finalmente, buscó a la vaca quien le dijo: “¿Trampa para ratones? ¿Eso me sería peligroso? ¡Claro que no!”

El ratón volvió a su casa desanimado por el comportamiento de los otros animales. Esa misma noche el ratón  escuchó que la trampa se cerraba. La esposa del granjero corrió a ver si habían atrapado al ratón pero estaba una víbora en su lugar, atrapada por la cola, su cabeza seguía libre y picó la pierna de la mujer. La llevaron rápidamente al médico pero volvió a casa con fiebre.

El granjero decidió prepararle una sopa a su esposa, pensó que no había nada mejor que un caldo de gallina. Así que buscó un cuchillo y mató a la gallina para hacer la comida. Sin embargo, la enfermedad continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla, el hospitalario granjero mató al cordero para alimentarlos.

La mujer no mejoró y acabó por morir, el desconsolado granjero la veló en casa y para alimentar a los invitados mató a la vaca y preparó un asado con su carne.

Moraleja

Siempre debes ayudar a quien lo necesite

El Pájaro que Murió de Bondad

Fabula el pájaro que murió de bondad

Érase una vez una gaviota que volaba sobre el reino de Lu, el lugar obtuvo su atención y bajo a visitarlo. El marqués de Lu, que nunca había visto una gaviota, curioso y feliz ordenó que se prepararan festines, banquetes, bailes y música

La gaviota se encontraba confundida pero aceptó, el marqués le ofrecía una gran cantidad de carne, hizo todo de acuerdo a como le hubiese gustado ser recibido. La gaviota murió porque su organismo no soportaba comer tanto.

Moraleja

Ponte en el lugar del otro antes de ayudar.

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