5 Fábulas Colombianas

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Las fábulas son una forma de inculcar valores de forma amena e interesante, en especial si su origen es cercano al lugar donde vive el lector, haciéndolo más consciente de su realidad y de los problemas cotidianos que debe enfrentar. A continuación 5 fábulas colombianas.

El Arte de los Retazos

fábulas colombianas

Había una vez unos indígenas de la región del Chocó que pasaban por un mal momento pues las lluvias habían sido muy fuertes e impedía a todos trabajar por fuera o sembrar, así que el dinero iba escaseando. Tres mujeres querían poner fin a estas angustias pero no se podía salir de la aldea excepto en canoa.

En un principio se dedicaron a vender comida, pero el dinero seguía sin ser suficiente. Hasta que un día vieron a unos niños jugar con todo lo que podían incluso hojas y semillas, entonces pensaron en hacer paisajes sobre retazos de tela y venderlos.

Las tres mujeres estaban acostumbradas a remendar la ropita vieja, así que pidieron a su familia traerlos todos los retazos de tela disponibles. Y sus esposos estaban acostumbrados a obedecer a sus mujeres, así que sin preguntar, buscaron tantos retazos como les fuera posible.

Luego las tres mujeres se pusieron a la obra y dibujaron sobre las telas, en un inicio paisajes pero luego, animales y frutas, después, cortaban los dibujos para poner retazos de otro color. Parecían cuadros que hablaban, y decidieron llamarles “Molas”.

Cosieron camisas, cojines y faldas. Una vez terminado todo, pidieron a sus esposos que los fueran a vender a la aldea junto con unos collares. Los esposos volvieron felices, habían vendido todo. Desde entonces en el pueblo se habla del arte de los retazos, dicen que parecen pinturas y que las Molas son bellas.

Moraleja

Se puede encontrar inspiración en el lugar menos esperado

La Nariz y los Ojos

nariz y ojos

Había una vez una nariz muy malhumorada que regañaba a los ojos porque ella debía cargar los anteojos para que ellos pudieran ver. Tras una breve discusión, la nariz tira los anteojos y caen al suelo. El humano a quien pertenecían no se da cuenta de una roca en el suelo, trastabilla por ella y cae. Para mala suerte se fractura la nariz.

Moraleja

Al servir a los demás nos servimos a nosotros mismos.

Sueño de Libertad

fábulas colombianas

Josué y Myriam se conocieron en tristes circunstancias, ya que sus padres lo habían pedido todo por conflictos religiosos. Josué era impulsivo pero inteligente y Myriam era encantadora y trabajadora. Se enamoraron y se casaron, ambos compartían en sueño de viajar al nuevo mundo, a la recién descubierta América.

Antes de partir decidieron cambiar de nombre para empezar una nueva vida, Josué se llamaría José de la Madrid, y Myriam adoptó el Marisol Ángel de la Madrid. Zarparon y llegaron a salvo al puerto, pero al verlo tan habitado temieron que pudieran descubrir sus nombres falsos, así que siguieron los consejos de sus padres y se fueron a tierras no muy pobladas.

Caminaron durante muchísimo tiempo y aprendieron algunas de las costumbres del nuevo mundo, encontraban motivación para seguir en ser libres. Al final encontraron un lugar hermoso, con un pequeño valle, en el que decidieron quedarse.

José construiría una casa para ambos, que se llenaría de flores y frutas tropicales y Marisol inicio un negocio de tejidos. Con el tiempo llegaron otras personas, que se esforzaban como ellos y construyeron una región donde se podía ser realmente libre.

Moraleja

Los sueños hermosos se hacen realidad

La Abeja y la Paloma

la abeja y la paloma

Una paloma pasa sobrevolando un cuenco de agua que se había hecho por la lluvia, y en él ve a una abejita ahogándose. La paloma la rescata tendiéndole un palito que llevaba en su pico, la abeja se salva. Días después la abeja se percató de un cazador que tenía en su mira a la paloma que la había salvado, para ayudar a su amiga decide volar cerca de su mano, no que lo hace fallar el tiro.

Moraleja

Haz por lo que quisieras que hicieran por ti.

La Gallina y el Cerdo

La gallina y el cerdo

Había una vez una gallina que se encontraba bebiendo agua de un arroyo, a cada trago que daba miraba al cielo, y daba gracias a quien hubiera hecho una bebida tan sabrosa. Un cerdo que caminaba cerca la vio y le preguntó que hacía, ella le respondió que nada, porque los cerdos no sabían agradecer. El cerdo continuó burlándose de ella y se fue, pero a la gallina no se importaba e incluso sentía la bondad divina en cada gota.

Moraleja

Hay que ser agradecidos

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